«Laissez faire la nature».


«Laissez faire la nature». ¡No a la guerra!

El agua corre y la luz que lleva desde el monte al mar es prestada, depende del sol, las nubes, los aviones, del cristal con que se mire. La garza parece que sabe bien de lo que hablo.

¿No será más importante salvarse de la quema, del fuego, del sufrimiento que disfrazarse de sabio y empezar a hurgar en que tipo de cerilla inició el desastre? ¿No será mejor una buena caricia si estas hundidillo que la inentendible explicación con alta evidencia científica de los plieges del cerebelo? Cada tiempo tiene su tiempo.

Había cerillas de cera y cerillas de palo. Pero lo importante para jugar a las chapas, para hacer un buen portero, incendios aparte, era la caja. ¿Se ajustaba a lo acordado, estaba bien rellena como para no caer al primer bolichazo? Para el bolsillo y la bolsa, para el puerto franco, el contrabando, la ecología, la lucha obrera, la represión, para tu vida actual, las preguntas y respuestas eran parecidas pero distintas.

«Laissez faire la nature». ¡No a la guerra!


(«Dejar que la naturaleza opere», «Laissez faire la nature», Blaise Pascal)

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